RAFAEL NADAL NO PUEDE HACER MILAGROS SIEMPRE

⊆ 10:20:00 by nandete | , . | ˜ 0 comentarios »

No pudo ser. El carrerón que llevaba acumulado Rafa Nadal pasó factura en el US Open. En algún momento tenía que suceder. Y eso que hubo sitio para la esperanza, para la posibilidad de que Nadal se convirtiera en finalista del último Grand Slam del año.
Pero la rémora del día anterior, esos dos sets de desventaja, unido al cansancio, a la falta de frescura que pesa más en la mente que en las piernas –aunque sin lo uno lo otro tampoco funciona–, y a un Andy Murray al que no le tembló el pulso, que supo sacar provecho de su talento y sus armas en estas pistas, le cerraron las puertas a un nuevo duelo con Roger Federer. Rafa cedió por 6-2, 7-6 (7/5), 4-6 y 6-4 en tres horas y 31 minutos y salía ovacionado de la pista principal del ‘Billie Jean King Tennis Center’, una pista que le ha alzado al Olimpo de sus favoritos.
La jornada, tras la cancelación de los partidos el día anterior, suponía una segunda oportunidad. Y eso, con jugadores como Rafa, puede resultar realmente muy peligroso. Es como proporcionarles una bombona de oxígeno. Las sensaciones durante el entrenamiento en la ‘Arthur Ashe’ fueron mucho mejores de lo que recordábamos del día anterior. Pero una cosa son estas sesiones y otra muy distinta lo que pueda ocurrir en la pista.
Veintiséis horas después de la suspensión del partido, los protagonistas de la semifinal empezaron a dirimir la sentencia. Antes, de nuevo himnos, previas del partido en la televisión, presentaciones en pista... Total, que la semifinal se reanudó con cuarenta y cinco minutos de retraso con respecto al horario previsto. A correr todos... Se reanudaba con Rafa sirviendo con un 3-2 favorable en el tercer set.
Nadal logró mantener ese ‘break’, no sin antes tener que salvar un punto de ruptura gracias a un ‘ace’ a 120 millas por hora (algo más de 193 km/h), y ganar la manga. Parecía que el milagro por el que coreaban las gradas de la ‘Arthur Ashe’, deseosas de ver más tenis, de ver a su ‘¡Rafa, we love you!’ en la final, podía llegar a producirse.
Todavía más cuando, en la cuarta manga, tras salvar siete puntos de ‘break’ (con colaboración en alguna que otra ocasión del escocés), Nadal rompía el saque de Murray en blanco. Todo presagiaba una quinta y definitiva manga. Un set agónico.
Pero Rafa no estaba para muchas fiestas y así, de inmediato, vio de nuevo igualada la contienda. Ese ‘break’ dio alas a Andy y cortó las del manacorí. Porque fue a partir de ese momento, cuando se llevaba más de hora y media de partido cuando la falta de gasolina en las piernas y en la cabeza de Nadal volvió a hacerse evidente.
Era Murray quien dominaba los peloteos, era Murray quien creía más en la victoria, era Murray quien la buscaba, iba a por ella, mientras el balear se defendía como buenamente podía, después de haber jugado demasiado con el peligro. Y por eso, animado por su box, en el que estaban sus padres –divorciados–y su novia, además de un equipo de trabajo que se había puesto en entredicho pero que se ha demostrado que es el que Murray necesitaba, Andy fue a por el billete para su primera final de Grand Slam sin dudarlo. Sabía que sería más fácil conseguirlo al resto. Es más fácil que el brazo no se arrugue tanto. Y si de algo había pecado en el pasado este talentoso jugador es de arrugarse en los momentos decisivos.
Pero ha llovido mucho desde entonces para que Murray se convierta en el tercer finalista británico en el US Open. Fred Perry ganó los títulos en 1933, 34 y 36, cuando se disputaba sobre hierba. Greg Rusedski, en 1997, cedía en la lucha por el título ante el australiano Patrick Rafter. Es, según confiesa, “mi Grand Slam favorito”. Sabe que su juego plano y agresivo es en este tipo de pistas donde mejor se acomoda. Así lo acreditan sus tres títulos en esta superficie este año: Doha, Marsella y el Masters Series de Cincinnati. Además, fue campeón júnior del US Open con 17 años.
Mientras se estaba dirimiendo la suerte del encuentro, Roger Federer se estaba entrenando para la final en la pista tres de la zona de prácticas. No parecía demasiado interesado por el desenlace –el helvético confesó que prefería enfrentarse a Nadal– pero lo cierto es que llegó a tiempo al vestuario para poder verlo.
Ya sabe que su rival será un hombre que, como el año pasado Novak Djokovic, se estrena en un ‘grande’. Y como el serbio entonces, Murray está confirmando las expectativas: hoy aparecerá en el cuarto puesto de la clasificación mundial. Además, Andy cuenta ya con victorias sobre sus tres predecesores en el ranking. Rafa era el único al que todavía no había derrotado y ha sabido aprovechar su propio momento dulce de forma y el bajón, lógico, de Nadal, para dar el zarpazo.
Hoy, a partir de las once de la noche (hora española, cinco de la tarde en Nueva York), Murray tiene una cita con la historia. La de los Grand Slams, la del US Open, la suya propia. Una carrera que se inició en Escocia, de la mano de su madre, Judy, entrenadora de tenis, y que prosiguió, primero, en Barcelona, en la ‘Academia Casal-Sánchez’; y después, en territorio estadounidense, durante la época en que estuvo trabajando con Brad Gilbert.
Pero fue una relación que no funcionó. El técnico americano tiene un ego demasiado desarrollado para el gusto de Murray. Este prefirió apostar por Louis Cayer y Miles Maclaghan, pese a la oposición que se despertó en toda Gran Bretaña al considerar que no tenían suficiente ‘empaque’ para dirigir a uno de los tenistas con mayor talento de los últimos tiempos. Pero, junto a ellos, Andy ha hallado la tranquilidad que precisa para seguir desarrollando su juego y progresando en el ranking.
Tras vencer ayer a Rafa, ya ha vencido a los ‘Tres Tenores’. No teme a Federer. Aunque habrá que ver cómo asimila este estreno en un ‘grande’. No es fácil. Y menos todavía cuando el suizo está buscando intentar salvar un año de contratiempos. Ganar en Nueva York significaría escribir una nueva página en la historia del tenis: se convertiría en el primer jugador en la Era Open (tras Bill Tilden en la década de los 20) que gana cinco títulos consecutivos en el US Open... ¡¡¡Y el primer jugador en la historia que gana cinco títulos seguidos en dos Grand Slams distintos!!! La experiencia está de su lado; el hambre, del de Murray


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